Febrero marca el regreso a la rutina para la mayoría, pero también puede ser el mejor momento para empezar el año desde otro lugar —literal y emocionalmente— para quienes tienen la libertad de trabajar desde cualquier parte.
Muchos de aquellos que hacen de la casa el lugar de trabajo, el refugio de la vida y también donde descansan, quienes “manejan el tiempo” y eso los libera de marcar tarjeta o el viaje rutinario a una oficina, tienen un don maravilloso: elegir que vista los acompaña, ya que muchas veces el único requisito es solo tener una buena conexión a internet.

Pues para este tipo de nómadas o freelancers, los dueños de su tiempo y amos de distribuir el trabajo para darse ciertas libertades, está dedicado este artículo. Sí, para quienes pueden calcular y distribuir el tiempo, sin necesidad de avisar desde cuál lugar del mundo están enviando un correo, haciendo un informe o simplemente conectados a una videollamada grupal de trabajo; quienes ahora pueden escoger un lugar en el mapa que cumpla con sus expectativas y les permita conocer nuevos destinos mientras siguen cumpliendo con su trabajo, disfrutando de viajes en temporada baja, con una afluencia menor de gente en cada ciudad y, lo mejor, a un costo mucho más económico.
Y si bien es cierto que hay ventajas claras del home office, hay una invasión total al espacio que se denomina hogar, no siempre hay un espacio que separe por completo y haga sentir que sales del entorno de trabajo y llegar a una zona de esparcimiento, lo cual hace que a veces se sienta un agotamiento evidente en la rutina, es por eso que si la sensación de agobio o cansancio es algo con lo que lidia comenzando el año, no está mal plantearse ausentarse del mismo espacio o lugar, un tiempo y reconectar en otros entornos, unos que le den placer, bienestar y lo inviten a abrirse a nuevas posibilidades socioculturales.

No son vacaciones, es claro que ya hay proyecciones que se deben cumplir y si hablamos de trabajos operativos, no da espera el continuar con el engranaje del cual se haga parte, pero se puede volver al trabajo sin volver al desgaste, trabajar igual, pero sentirse distinto porque al cambiar el escenario cambia la percepción del esfuerzo.
Elegir bien el lugar es fundamental pues se debe ser muy consciente de cuál ambiente permite que se desempeñe mejor y que se cumpla el objetivo de cumplir con los compromisos laborales y recargar baterías emocionalmente hablando. Por eso es vital, escoger un destino según lo que necesitas, no según la moda:

Selva: reconexión, silencio y ritmo natural. Es un destino para quienes buscan comenzar el año escuchándose, no exigiéndose.

Playa: calma, expansión y claridad mental. La playa acompaña a quienes quieren volver al trabajo con energía tranquila, no con presión.

Frío/nieve: enfoque, introspección y orden. El frío no distrae, concentra. Es un escenario para quienes encuentran calma en el orden.

Bosque/montaña: movimiento, outdoor y equilibrio. Aquí el trabajo se integra a la vida, no compite con ella.

Desierto: Minimalismo, reset y creatividad profunda. El desierto no ofrece distracciones: ofrece claridad. Es un lugar para empezar de nuevo, con intención.

Vida alternativa/reservas naturales: comunidad, desapego y nuevas formas de vivir. Aquí el valor está en lo humano: conversaciones, intercambio de saberes, redes espontáneas.
Empezar el año en estos espacios es abrirse a nuevas preguntas, más que a respuestas. No es huir del trabajo, es redefinir cómo se integra en la vida.
El año comienza y con este inicio están esas decisiones que hacen que las labores no resulten pesadas, se puede hacer de este arranque uno suave, creativo y con propósito, la premisa no es tener que trabajar, es de desde dónde y cómo lo haces.
