Desde remotas islas del Pacífico hasta territorios que despiden el año casi 24 horas después, el cambio de calendario avanza de este a oeste, marcado por tradiciones, celebraciones y la geografía del planeta.

Mientras en algunos rincones del planeta el Año Nuevo llega cuando gran parte del mundo aún despide el 31 de diciembre, en otros territorios la celebración ocurre casi un día después. La línea internacional de cambio de fecha convierte al Pacífico en el escenario donde el año comienza y termina, marcando un recorrido simbólico de este a oeste.
El primer territorio habitado en recibir el Año Nuevo es Kiribati, específicamente las islas de la Línea, como Kiritimati (Isla de Navidad). Desde que el país ajustó su huso horario en 1995, se convirtió en el punto inicial del calendario mundial.
Las celebraciones son sencillas y comunitarias: reuniones familiares, danzas tradicionales, música local y ceremonias religiosas que reflejan una fuerte conexión cultural y espiritual.
Muy cerca en el reloj se encuentra Samoa, donde el Año Nuevo se celebra con eventos públicos, fuegos artificiales, música y bailes polinesios, combinando tradiciones ancestrales con festejos contemporáneos en ciudades como Apia.
El Reino de Tonga también figura entre los primeros países en recibir el nuevo año. Las iglesias ocupan un lugar central en la celebración, con servicios religiosos que marcan el cierre y el inicio del ciclo anual. A esto se suman comidas comunitarias y expresiones culturales tradicionales.
Nueva Zelanda: el primer gran festejo urbano
Nueva Zelanda es el primer país con grandes centros urbanos en recibir el Año Nuevo. En Auckland, el espectáculo de fuegos artificiales alrededor de la Sky Tower marca una de las primeras celebraciones masivas del mundo.
El festejo se extiende a playas, parques y espacios naturales, mientras que la cultura maorí aporta rituales de renovación y conexión con la tierra.

Aunque no es el primero en términos absolutos, Australia, especialmente Sídney, se convierte en uno de los escenarios más visibles a nivel global. Los fuegos artificiales sobre la bahía y la Ópera de Sídney son seguidos por millones de personas y funcionan como una referencia simbólica del comienzo de las celebraciones internacionales.
En el extremo opuesto del planeta, Estados Unidos, a través del estado de Hawái, se encuentra entre los últimos lugares habitados en recibir el Año Nuevo. Aquí la celebración tiene un carácter festivo y relajado, con reuniones en la playa, música, fuegos artificiales y rituales inspirados en la cultura hawaiana.
El clima tropical permite despedir el año al aire libre, con cenas frente al mar y celebraciones que se extienden hasta la madrugada.
Samoa Americana y las Islas Baker y Howland: el cierre del calendario
Los últimos territorios en recibir el Año Nuevo son Samoa Americana y las islas Baker y Howland, estas últimas deshabitadas y bajo administración de Estados Unidos. Samoa Americana, a diferencia de su vecina Samoa, mantiene un huso horario que la coloca casi 24 horas detrás, convirtiéndola en uno de los últimos lugares habitados en cambiar de año.
En Samoa Americana, el Año Nuevo se vive de manera más tranquila, con celebraciones familiares, eventos comunitarios y actividades religiosas, cerrando simbólicamente el ciclo anual del planeta.
Un recorrido global del tiempo
El viaje del Año Nuevo alrededor del mundo revela cómo la geografía define el tiempo y cómo cada sociedad le da un significado propio al inicio del calendario. Desde islas remotas del Pacífico hasta playas hawaianas y territorios casi deshabitados, el cambio de año avanza lentamente de este a oeste, recordando que, aunque el reloj no marca lo mismo para todos, el deseo de comenzar de nuevo es universal.
